Santiago Carbonell

Bitácora de viaje
Entrevista a Santiago Carbonell                                  por   Roberto González

 

¿En que parte del viaje se encuentra Carbonell con cincuenta años de edad y treintidos de trayectoria artística?

En aquel lugar gracioso donde eres joven para los viejos y viejo para los jóvenes. En la cuesta debajo de la cuesta arriba. Más cerca de la certeza del camino sin retorno, de la esquina en donde no ya el arrepentimiento; de la sonrisa con patas de gallo y la sonrisa sin dientes. Más cerca de allí que de aquí. Y con respecto a la trayectoria: pensando si todo valió la pena.

¿Porqué de la belleza al desencanto?

¿Qué te queda después de haber bebido en el vaso de Venus? Mirar el la copa de oro y ver que esta vacía. El oro como la belleza no es más que el terrible contenedor de la verdad. Normalmente la verdad es cruda y dura. No es apta para todos. Solo el desencanto de la zorra saqueadora de uvas que se aleja con el rabo entre las patas, después de haber deseado todo, se aleja con las manos vacías.

De las noches de silencio en Querétaro a las noches estrelladas en el desierto de Túnez ¿En donde dialogan?

Las noches son mundos de ensueño y pesadilla que cargamos en grandes fardos en la espalda. Las llevamos siempre a cuestas allí donde vamos y pretendemos liberarnos en sueños de alcohol y opio. Nos persiguen como el horizonte huidizo que cuanto más nos acercamos se fuga al más allá. Siempre dialogan las noches, pero los hombres solo dialogan con los hombres jamás con las estrellas.

¿Como haces para mudarte de la belleza de la joven de San Petesburgo al gigante de la India?

¿Que harías si estuvieras sentado en un elegante bar de la PrespectivaNewski en San Petesburgo, y vieras aparecer un gigante hindú de Mandawa, vestido con un tosco sayal de algodón, con sandalias y toda la tristeza del mundo en sus ojos preguntándote porque nunca se pone el sol? ¿Qué harías si una tarde rosa dorada, en la vía férrea de Jaipur a Dehli, apareciera el tren alado con banderas rojas de Troski, a la velocidad inquietante de las largas piernas de la adolescente modelo rusa, que te vende su noche anoréxica de besos? Los compraría a los dos.

Te identifico con un viajero en el camino, al estilo Keruac ¿ Como es tu viaje?

Ni mi camino es tan largo, ni mi acelerador tan intenso, ni el motor tan fuerte. Mi camino se parece más a un devenir, hacer muchas cosas sin querer. Suena más a río manso con tiburones, que a brioso riachuelo repleto de truchas. Es el dejarse llevar, el viaje a donde sea.

¿En el presente o en el pasado? ¿En donde se viaja mejor?

Se viaja más cómodo en el pasado porque conoces lo que ya paso, es un seguro franco de accidentes; pero el presente es caminar al filo de la navaja, es la diversión en la boca y el miedo en la cara. Prefiero el presente, el pasado se le ve bien dentro de su caja.

¿Tu tiempo actual es de amor o de cólera?

De ninguna y de las dos a la vez. Colérico de no amar más.

¿Optimismo o pesimismo?

Los optimistas me parecen risueños rosados, ingenuos, vestidos para el día de feria. Donde comen dulces y sonríen al son de la ruleta, engordan en la siesta y los atardeceres les recuerdan a Dios, mientras te miran con cara de yo no fui.

Los pesimistas tienen mal aliento, las flores a su paso se marchitan, visten de negro, van a la cárcel y a todo le dicen que si, queriendo decir que no. Los pesimistas vacían el vaso de los optimistas y no nos dejan nada ni para ti ni para mi.

¿Querétaro es para siempre o solo una escala en el viaje?

Creo que nada es para siempre. Solo pensar en algo eterno me suena a tumba y aburrimiento. Por favor que alguien construya nuevas ciudades y nuevos paisajes.

Charli García dice, “no voy en tren , voy en avión”. ¿Tu en que vas?

Creo sinceramente haberme subido a un cohete alguna vez, ir a mil por hora surcando el cielo. Pero hoy que vuelo más bajo debo ir más despacio, no se me vaya a cruzar una montaña.

Afirmaban los Beats que todo lo que puede poseer un hombre cabe en una mochila. ¿Tu que guardas en tu maleta?

Una camisa negra, un libro en blanco para ver si escribo algo; coloreados calzoncillos, unos pantalones rojos para asustar diablos y fascistas. Mis calcetines a rayas de la buena suerte. Un condón para los rumores, un habano para el mal de ojo, un pincel del # 1 para la cerilla de la oreja y unos tubos de pintura por si acaso se me ocurre pintar algo. Ah me olvidaba…agua bendita de Lourdes para pintar paisajes en acuarela, es cojonuda…pura nube.

¿Cómo viajero cual es tu brújula?

Siempre recto…a pesar de las curvas. Hacia abajo y a la izquierda ¿En donde habré oído yo esto?

¿Cuál es tu luz, la del desierto de Atacama, la del desierto del Sagel o la de Matehuala?

Como los sueños y la noche la llevas cargando. Mi luz es la de mis ojos cuando tenía diez años y recibía al santísimo con cara de cordero ahorcado.

No, me refiero a tu luz como pintor…

Bueno, esa es la luz que me enseño Raphael Sanzio, mirando desde un ventanuco desde la Signoria de Firenze como los peces del Arno se comían la mierda de los viajantes que cruzaban a través del Ponte Vechio, en las tardes de invierno allá por el mil quinientos y algo.

¿Qué belleza encuentras en la naturaleza?

Siempre hay belleza en la naturaleza, en su acto más brutal es sublime. El tsunami es sublime, así como el terremoto o el cataclismo. Pone al hombre en su verdadera condición y eso es bello. Ahora puedo imaginar los versos de Nerón viendo Roma arder.

¿Primera clase o turista?

En primera bebes gratis. En turista a pesar de la incomodidad, siempre puedes conocer a alguien como tu o como yo, un simple mortal muerto de miedo a diez mil metros de altura.

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